La importancia de hidratarse bien

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Las referencias de estudios recientes sugieren que los niños no beben lo suficiente y no alcanzan la ingesta de líquidos diaria recomendada. Según los datos observacionales del tercer estudio para el Examen Nacional de la Salud y la Nutrición (NHANES III), en niños y adolescentes (4-19 años), el promedio de la ingesta de agua total (procedente de alimentos y bebidas) es inferior a la ingesta recomendada.

La alimentación adecuada es una de las claves para prevenir la obesidad y el consumo de fluidos saludables forma parte de una dieta equilibrada. Se considera que la ingesta apropiada de agua reduce el aporte de energía y puede tener un impacto positivo en el control de peso en los niños.

Se recomienda que en la etapa infantil el agua sea la bebida por excelencia, pero hoy en día los niños han nacido y crecido con una gran oferta de bebidas azucaradas, refrescos y zumos entre ellas, de manera que se llega a identificar el hecho de beber con el consumo de estos productos. Aunque otras bebidas también proporcionan hidratación, la OMS recomienda limitar el consumo de las que tienen alto contenido de azúcar (por ejemplo, refrescos).

Los expertos aconsejan beber agua antes, durante y después de las comidas. El agua es la única bebida imprescindible que, además, sacia nuestra sed. También es la bebida más económica.

¿Por qué es importante estar bien hidratado?

El agua es el componente más abundante del cuerpo humano y, pese a que no suele ser considerado un alimento, es un nutriente esencial para la vida: el hombre es capaz de vivir mucho tiempo sin comer (más de un mes), pero no sin beber: la falta de agua conduce a la muerte en pocos días.

El agua es un compuesto acalórico (no energético) fundamental para que nuestro organismo se mantenga correctamente estructurado y en perfecto funcionamiento.

El organismo humano está formado por término medio por un 60% de agua, aunque los niños tienen mayor porcentaje que los adultos. La pérdida de tan solo un 5 % de la misma implica riesgo para la salud.

Las necesidades de agua son muy variables y dependerán de numerosos factores como la edad, el clima de la zona donde se vive, los hábitos dietéticos, el tipo de actividad física que se realiza, etc. El agua de bebida, junto con la contenida en los alimentos, ha de garantizar la correcta hidratación.

¿Qué es el equilibrio hídrico?

 

El cuerpo humano no almacena el agua, por eso la cantidad que se pierde cada día debe ser restituida. El equilibrio hídrico de una persona debe guardar una estrecha relación entre el ingreso y el gasto del agua corporal.

En situaciones de normalidad el ingreso se realiza por el tubo digestivo de forma voluntaria y está regulado por el mecanismo de la sed. En el otro lado de la balanza deben situarse las pérdidas que se establecen a nivel renal, cutáneo, respiratorio y gastrointestinal.

El balance entre la ingesta y las pérdidas de líquidos que se producen tiene gran importancia, ya cualquier alteración del mismo puede poner en peligro la salud del individuo.

El aporte de agua al organismo procede de tres fuentes principales:

- Consumo de líquidos (agua y otras bebidas como zumos, leche, refrescos, caldos, infusiones, etc.).
- Contenido hídrico de los alimentos sólidos, que en algunos casos es muy elevado (frutas, hortalizas y sus preparaciones, como purés y sopas).
- Pequeñas cantidades de agua que se producen en los procesos metabólicos de proteínas, lípidos e hidratos de carbono (unos 300 ml diarios).


Las pérdidas de agua incluyen la eliminada por orina, heces, por traspiración cutánea y a través de la respiración. Estas pérdidas aumentan considerablemente cuando se produce una mayor sudoración como consecuencia del calor ambiental o de la realización de ejercicio físico y en presencia ciertas enfermedades, como diarrea, vómitos, infección, fiebre o alteraciones renales.

Recomendaciones científicas de las necesidades de agua y líquidos en los niños

Varias autoridades internacionales (EFSA, OMS) han establecido directrices sobre la ingesta total de agua. Sin embargo, a diferencia de otros nutrientes, no existen suficientes estudios sobre la cantidad de agua necesaria para evitar enfermedades o mejorar la salud. Como resultado, no se han asociado límites de consumo máximos ni mínimos a un beneficio o un riesgo específico.

Las directrices más recientes en materia de ingesta total de agua fueron publicadas en 2010 por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). En los niños, la ingesta adecuada se basa en las ingestas observadas en estudios donde podía evaluarse el aporte de agua de los alimentos, ajustado para alcanzar la cantidad de agua disponible de 1mL/kcal ingerida y tener en cuenta las variaciones entre distintas personas.

Según estas directrices, los niños tienen necesidades de agua, hasta la pubertad, distintas de las de los adultos (Tabla 1). En la preadolescencia, los chicos tienen una ingesta recomendada mayor que las chicas. Existe un consenso entre las autoridades públicas y las sociedades científicas en relación con el agua y otros tipos de líquidos ingeridos: el agua es una opción saludable en cualquier momento, y debería ser la bebida preferida para hidratarse.

Las recomendaciones generales diarias de aporte agua para población no deportista con una actividad normal son del 80% a partir de las bebidas y un 20% a partir de alimentos; estas cantidades pueden variar según la edad, estado fisiológico, nivel de actividad física y condiciones ambientales.

Características específicas de los niños

Los niños presentan, con respecto a los adultos, una serie de características que los hacen más vulnerables a la deshidratación y sus consecuencias:

  • Ganan más temperatura en ambientes calurosos y la pierden con mayor facilidad en ambientes fríos.
  • Presentan una mayor producción de calor en proporción a su masa corporal, menor gasto cardiaco y mayor pérdida de fluidos en igualdad de condiciones ambientales que los adultos.
  • La capacidad de sudoración es bastante menor en niños que en adultos: tienen un umbral más alto para comenzar a sudar, lo cual reduce su competencia para regular la temperatura corporal por evaporación. 
  • Tienen mayor capacidad de absorción de calor cuando la temperatura ambiental supera la corporal, menor capacidad de termorregulación y aclimatación.
  • Manifiestan una sensación de sed inadecuada al grado de deshidratación.