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Asma

¿Qué es el asma?

Niña usando un inhalador
El asma es una enfermedad crónica de las vías aéreas en la que alternan crisis de dificultad respiratoria y tos, causada por inflamación de los bronquios, con periodos relativamente normales. Las crisis pueden ser leves, moderadas o graves, con una duración variable, desde pocos minutos hasta varios días, y pueden producirse en cualquier momento.
La vía respiratoria puede compararse a un árbol, en el que hay un tronco principal, la tráquea, de 2-3 cm de diámetro, que comienza en la parte baja de la faringe y que se divide en dos ramas, los bronquios principales, uno para cada pulmón. Estos a su vez se vuelven a dividir varias veces hasta llegar a las partes más alejadas del tejido pulmonar en forma de pequeñas vías de muy pocos milímetros de diámetro. Estas últimas tienen un revestimiento interno que produce moco, y en su pared hay células musculares a modo de anillo, capaces de contraerse y relajarse para abrir o cerrar esas vías en función de las necesidades de la persona en los diferentes momentos (por ejemplo, se abren para permitir el paso del aire durante el ejercicio, y la mayoría se cierran durante el reposo).
Durante una crisis de asma, la inflamación afecta a la mucosa superficial, produciendo un exceso de moco, al tiempo que las células musculares se contraen estrechando el calibre de los bronquios, lo que dificulta el paso del aire y produce una respiración ruidosa (sibilante).
Las personas asmáticas son muy sensibles a diferentes tipos de irritantes de la atmósfera. Algunos de esos irritantes son inespecíficos (es decir, afectan a casi todos los individuos), como por ejemplo el aire frío, ciertos virus o el humo del tabaco.
Aunque el asma afecta a personas de todas las edades, un 50% son niños, generalmente menores de 10 años. Entre los adultos parece ser más frecuente en mujeres. En los últimos tiempos se está observando un aumento de casos en todo el mundo, fundamentalmente entre la población infantil.

¿Cómo se llega a padecer?

El asma parece estar provocado por agentes externos, bien sean irritantes que se inhalan de la atmósfera al respirar, bien como reacción interna a influencias externas. Por lo general no hay una causa demostrable (asma intrínseco), y sólo ocasionalmente se debe a una alergia específica (asma extrínseco). Los factores que provocan la enfermedad se clasifican, pues, en dos grupos:
Factores no específicos
Todos los sujetos con asma se ven afectados por una serie de irritantes como el ejercicio físico, el frío, el humo, la contaminación, etc.
Factores específicos
Varían en cada persona, pudiendo ser alergenos (polen, polvo, pelo de animales, moho, comidas), ciertos virus y/o bacterias, gases químicos y otras sustancias del ambiente laboral (isocianatos de pinturas y plásticos, etc.), ácido acetilsalicílico, etc.
Aparentemente, hay personas con una predisposición a padecer la enfermedad (personas con antecedentes personales o familiares de eczema, alergias o asma) que no llegan a tener una crisis hasta que se ven sometidos a la exposición a los irritantes provocadores.

¿Cuáles son los síntomas?

Las personas con asma tienen siempre una ligera inflamación de sus vías respiratorias, aunque no tengan síntomas. Durante un ataque o crisis de asma los principales son:
  • Dificultad para respirar, falta de aliento. Por lo general aparece de forma más o menos brusca y puede empeorar por la noche o de madrugada; se agrava al respirar aire frío, su alivio suele ser espontáneo y se obtiene una gran mejoría con el uso de medicamentos broncodilatadores.
  • Respiración ruidosa, con pitos y resuello, entrecortada, que requiere un gran trabajo de los músculos respiratorios, y que se agrava con el ejercicio.
  • Tos, fundamentalmente nocturna, con ligera expectoración de mucosidad.
Los síntomas de que el ataque empeora son:
  • Despertar nocturno con tos y/o resuello
  • Tos y dificultad respiratoria aun en reposo
  • Los medicamentos que se inhalan pierden eficacia
Ante estos síntomas, o si piensa que un ataque empeora, debe consultar inmediatamente con su médico.
Síntomas de peligro, que indican un ataque grave y que requiere atención inmediata (síntomas de emergencia):
  • Piel o labios azulados
  • Extrema dificultad para respirar, que incluso produce dificultad para hablar
  • Ansiedad e intranquilidad
  • Pulso acelerado y sudoración
Otros síntomas que pueden estar presentes algunas veces son: aleteo nasal, tos con restos de sangre, dolor u opresión torácica, respiración anómala con espiración mas prolongada que inspiración.

¿Cómo se diagnostica?

No siempre es fácil llegar al diagnóstico en los casos leves o muy intermitentes; además, un único ataque no implica que se padezca asma, ya que algunas infecciones y sustancias químicas pueden provocar una crisis similar. Para llegar al diagnóstico es necesario que su médico indague las características de sus síntomas durante el ataque. La auscultación durante el mismo revelará ruidos sibilantes que ayudan al diagnóstico.
Las pruebas de función pulmonar repetidas, y las que se repiten tras la administración de ciertos medicamentos son muy útiles para llegar al diagnóstico.
En ocasiones hay que realizar estudios radiográficos de tórax, análisis de sangre y análisis de sangre arterial (gasometría) para llegar al diagnóstico.
Cuando aparecen también eczemas o síntomas de alergia pueden ser necesarios análisis específicos y pruebas cutáneas de sensibilidad a ciertas sustancias.

¿Cómo puede ayudar a su bienestar?

Hay una serie de consejos que una persona asmática debe observar, puesto que, aunque no hay forma de curarlo definitivamente ni de prevenir los ataques, sí se puede disminuir su número y evitar así las complicaciones a largo plazo.
  • Es muy aconsejable que se mantengan activos. Si sufren ataques durante el ejercicio, algunos medicamentos antes de comenzarlo pueden ser muy útiles, ya que relajan la musculatura bronquial. La natación parece ser un ejercicio muy recomendable.
  • Evite los irritantes generales (humo del tabaco, aire frío, etc.), así como las sustancias a las que se haya demostrado ser alérgico. Es muy importante dejar de fumar.
  • Mantenga las dosis de la medicación que le ha prescrito su médico, aun cuando no tenga síntomas. Aprenda a usar los inhaladores de forma correcta, y si tiene dificultades coménteselo a su médico, pues hay disponibles diferentes sistemas que le pueden ayudar.
  • Evite la exposición a infecciones; es aconsejable la vacunación antigripal en otoño.
  • En caso de un ataque grave consulte con su médico o con los servicios de urgencia. Un ataque grave puede llegar a ser mortal si no recibe el tratamiento adecuado o éste se instaura tarde.
  • Consulte el tratamiento con su médico. Debe saber qué hacer si empeoran sus síntomas durante un resfriado, puesto que necesitará aumentar temporalmente las dosis de su medicación.
  • Familiarizarse con el uso del flujómetro (peak flow meter) le ayudará a evaluar el estado de su asma durante las crisis. Se trata de un dispositivo sencillo que mide la máxima velocidad con la que se expulsa el aire de los pulmones.

¿Qué perspectivas tiene la persona con asma?

El asma es una enfermedad crónica, es decir, es para el resto de la vida; pero aunque no sea curable, el tratamiento normalmente es eficaz para reducir los síntomas y permitir una vida activa.
Aproximadamente el 50% de los niños con asma se normaliza con el tiempo.

Tratamiento

El objetivo del tratamiento es conseguir una vida normal y activa.
Además de evitar las sustancias alergénicas e irritantes ambientales, hay que recurrir a los medicamentos, al menos durante las crisis (en el mejor de los casos, o asma leve) mientras que en las fases moderada y grave se requieren medicamentos a diario.
Los medicamentos que se utilizan en el asma se clasifican en dos grandes grupos:
Broncodilatadores
Tienen un rápido efecto, relajando las células musculares de las vías respiratorias. Se utilizan para aliviar los síntomas. Existen tres grandes tipos de fármacos broncodilatadores: beta-agonistas, anticolinérgicos y teofilinas.
Antiinflamatorios
También llamados profilácticos por su efecto reductor de la inflamación de las vías aéreas. No tienen efecto inmediato y requieren un uso regular y mantenido para conseguir sus mejores efectos. Un indicador de su buen uso es la reducción de los broncodilatadores. También hay tres grupos: corticoides, cromonas y antagonistas de leucotrienos.
Ambos tipos de fármacos pueden usarse en combinación, al igual que existen combinaciones de fármacos del mismo grupo que resultan eficaces.
Broncodilatadores
Beta-agonistas: actúan sobre receptores de la musculatura bronquial induciendo la relajación, lo que origina un aumento del calibre de los bronquios. Según la duración de su acción pueden ser cortos o largos. Los primeros son conocidos desde hace tiempo (Salbutamol y Terbutalina) y su acción no llega mas allá de las 3-4 horas después de su administración, por lo que hay que pautarlos varias veces al día. Los de larga acción (Salmeterol y Formoterol) llegan hasta las 12 horas, por lo que son más cómodos de utilizar por los pacientes, lo que ha motivado su uso creciente, aunque no pueden darse como tratamiento inmediato en una crisis. Todos ellos se comercializan en forma de aerosoles con diferentes dispositivos para inhalarlos, de modo que sean efectivos (sólo es eficaz la cantidad del fármaco que llega a las vías respiratorias bajas).
Anticolinérgicos: actúan bloqueando los estímulos nerviosos que llegan a las células musculares de los bronquios, de modo que estos se relajan. Su efecto es leve, por lo que raras veces se dan como medicamento único. Parecen mas eficaces cuando hay otras condiciones que colaboran a estrechar las vías aéreas, como por ejemplo la bronquitis crónica. El más conocido de este grupo es el bromuro de ipratropio. La acción tampoco llega mas allá de las 4-6 horas.
Teofilinas: se administran por vía sistémica (vía oral o inyectados en vena), y hasta hace poco eran los mas populares y eficaces. Sin embargo, ha comenzado ha disminuir su uso debido a sus efectos secundarios, que requerían un estrecho control, mientras que se dispone de los beta-agonistas de acción larga, con igual o superior potencia y mas fácil manejo. Hoy día todavía son muy útiles en el tratamiento del asma nocturna.
Antiinflamatorios
O profilácticos (preventivos). No detienen un ataque en marcha; pueden usarse en combinación con los broncodilatadores.
Corticoides: budesonida, prednisona, etc. Son los mas eficaces para la inflamación, y también colaboran a reducir la tendencia a la contracción. Pueden administrarse inhalados o por vía oral (ésta sólo en casos graves o rebeldes a otros tratamientos). Son potentes y tienen efectos secundarios, pero ayudan a conseguir el objetivo terapéutico de lograr una vida activa.
Cromonas: cromoglicato y nedocromil. Disminuyen la reactividad del bronquio al impedir la liberación de las sustancias que lo estimulan. Requieren unas pocas semanas de tratamiento para mostrar su eficacia. Mas eficaces en los casos leves y en niños. Se administran por vía inhalatoria.
Antagonistas de los leucotrienos: Montelukast y Zafirlukast. Disminuyen la inflamación bronquial que causan los leucotrienos liberados por algunas células pulmonares en respuesta a los irritantes, de modo que se produce una relajación bronquial. Son relativamente recientes y su uso está indicado en los pacientes cuyo asma resulta difícil de controlar con los corticoesteroides y los beta-agonistas. Se suministran por vía oral, y parecen eficaces sobre todo en el asma inducida por el ejercicio.


Autores:


Dr. Paul Klenerman especialista en Enfermedades Infectocontagiosas
Dr. Gavin Petrie especialista en Medicina Respiratoria
Dr. Carl J. Brandt Director Médico Internacional y Cofundador de NetDoctor
Dr. Finn Rasmussen médico general


Traductor:


Dr. Alvar Ocano Pueyo especialista en Medicina Familiar y Comunitaria

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