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Temas de salud Dietas carenciales: sin hidratos, sin grasas, sin proteínas

Dietas carenciales: sin hidratos, sin grasas, sin proteínas

Varias consideraciones

Diversas verduras en la tabla de cortar
En nuestra sociedad, donde existe abundancia de alimentos ricos, hipercalóricos, listos para comer y a precios muy razonables, la obesidad es cada vez más frecuente. A la vez, esta sociedad esta impregnada por un culto al cuerpo sin precedentes, por lo que no es extraño que a la vez que aumenta la obesidad, un sector importante de la población tenga gran interés por mantener un buen aspecto físico y un peso normal.
En esta abundancia de manjares es difícil resistirse diariamente a las tentaciones, especialmente durante algunos periodos de celebraciones como Navidad, vacaciones etc. Ello conlleva a la ganancia de algunos kilos de peso y la necesidad, a veces vivida como una urgencia, de perderlos poco después. En otros casos es la presencia de una obesidad establecida e inveterada la que lleva a realizar cualquier tipo de dieta, en ocasiones desesperadas, dietas que, en algunos casos:
  • pueden ser peligrosas,
  • la mayoría no son saludables, y
  • casi nunca tienen ningún fundamento científico, o éste es erróneo.
Dentro de estas dietas se encuentran las dietas sin carbohidratos, sin féculas, sin grasa, sin proteínas etc.
Es cierto que esas dietas hacen perder peso, pero otra cosa muy distinta es que "funcionen" correctamente. En una persona obesa la perdida de peso debe ser a expensas del exceso de grasa, y esta pérdida sólo se produce lentamente. Si se pierde peso a base de eliminar agua, el paciente puede deshidratarse, y además el peso perdido se gana rápidamente en cuanto se recuperan los líquidos que se habían eliminado. Si se pierde masa muscular en lugar de grasa se está ocasionado un perjuicio al organismo que, a largo plazo, favorece además la ganancia de peso.

Dietas sin carbohidratos: Atkins y otras

Hay multitud de estas dietas, pero quizás una de las más famosas sea la dieta del Dr. Atkins, o de Scardale. La primera de estas dietas apareció con la publicación en 1973 del libro del Dr. Atkins The Diet Revolution. Se basa en fundamentalmente en eliminar los alimentos con hidratos de carbono, por lo que se trata de una dieta sin azúcares, ni cereales, ni legumbres, pudiendo tomar sin restricción carnes, pescados, embutidos y algunas verduras y hortalizas. Es por tanto una dieta muy rica en proteínas y grasas.
Con esta dieta era fácil perder 2kg en uno o dos días, principalmente a expensas de agua. Además disminuye el apetito, por lo que es más fácil continuar con el régimen durante periodos más prolongados. En la versión inicial del Dr. Atkins, la mayoría de los alimentos eran de origen animal y las grasas y proteínas que contenían producían un aumento del colesterol y del ácido úrico. No obstante las pérdidas de peso continuaban y se mantenían durante varios meses, en parte por la disminución del apetito.
Aunque desde un punto de vista médico estas dietas nunca se han recomendado, han gozado de mucha popularidad en Estados Unidos. Recientemente algunos estudios serios han modificado la dieta original de Atkins, sustituyendo las grasas animales por grasas vegetales e incluyendo una pequeña cantidad de carbohidratos al día.
Estas nuevas dietas "con pocos carbohidratos" y grasas vegetales consiguen mayor pérdida de peso a los seis meses que las dietas convencionales y tienen un efecto más favorable sobre el colesterol. El único problema es que al cabo de uno o dos años el efecto conseguido, en la pérdida de peso, es el mismo que con otros regímenes. El éxito y la popularización de estas dietas en EEUU ha justificado ocupar la primera portada de la revista TIME en algunas ocasiones. Podemos concluir que las dietas pobres en carbohidratos, si están bien diseñadas, son más eficaces para perder peso a corto plazo, pero en periodos largos, de 1 ó 2 años, no son mejores que otros tipos de dietas.

Dietas sin grasa

La grasa proporciona 9 kilocalorías por gramo mientras que los carbohidratos o las proteínas aportan solamente 4. Además, durante los años sesenta y setenta se consideró la grasa como el principal factor de la dieta relacionado con el infarto de miocardio. Estas dos razones llevaron a recomendar dietas sin grasa o con muy poca grasa, y a la aparición de toda una pléyade de productos sin grasa o bajos en grasa, así como productos desnatados o desgrasados. Con el tiempo se ha comprobado que muchos aceites vegetales tienen efectos beneficiosos para la salud y que algunos carbohidratos pueden ser tan perjudiciales o más que la grasa.
Todo ello, unido al hecho de que las dietas sin grasa no han demostrado un efecto superior a otro tipo de dietas, no justifica la recomendación de las dietas sin grasa en el tratamiento de la obesidad. Actualmente solamente se usan en el tratamiento de algunas enfermedades del metabolismo de los lípidos.

Dietas sin proteínas

Las dietas sin proteínas nunca se han recomendado como tales, ya que las proteínas (o mejor, los aminoácidos que contienen) son nutrientes esenciales, es decir no es posible vivir sin ellos. Sin embargo la falta de las proteínas necesarias es un efecto consustancial con varias dietas. A finales de los años setenta aparecieron algunas dietas adelgazantes artificiales a base de colágeno (una proteína del hueso y de los tendones, pero de baja calidad) que producían pérdidas de peso importantes, pero tuvieron que ser abandonadas por ser causantes de varias muertes.

Dietas “milagrosas”

Desde hace años aparecen periódicamente algunas dietas estrafalarias y en ocasiones falsamente apoyadas con nombres como Clínica Mayo o del Hospital Gregorio Marañón, o con nombres como “desengrasante”, “depurativa”, “desintoxicante”. Suelen basarse en cocciones de hortalizas, como la dieta de la sopa de tomate, la dieta del apio o la dieta de las alcachofas. Estas dietas son muy pobres en proteínas, grasas y carbohidratos y su efecto adelgazante se basa en una drástica reducción de las calorías totales, mientras se ingiere una cantidad importante de alimentos con pocas calorías, que por su volumen tienen cierto efecto saciante. Estas dietas, aunque son ricas en algunas vitaminas y minerales, son pobres en proteínas, y pueden ser peligrosas si se siguen durante más de una semana.

Los extremos son perjudiciales

En resumen, las dietas con limitaciones drásticas de algún nutriente: proteínas, hidratos de carbono o grasas no deben utilizarse para perder peso. La perdida de peso debe basarse en disminuir globalmente el aporte de calorías de la dieta, ya sean de las proteínas, los carbohidratos o las grasas, y aumentar el gasto de energía a través del ejercicio.
  • Las dietas sin proteínas son peligrosas, habiendo producido algunos casos de muerte.
  • Las dietas sin grasa son poco eficaces.
  • Las dietas con limitación en los carbohidratos pueden ser más útiles, especialmente en los primeros meses de tratamiento, siempre y cuando no aumentemos las grasas animales. Esto último se puede conseguir con una dieta que incluya gran cantidad de verduras, sin limitar las carnes magras (pollo y pavo), el pescado o los derivados lácteos y los aceites vegetales, pero evitando las féculas, los tubérculos, los cereales refinados y la repostería.


Autores:


Dr. Gonzalo Martín Peña Especialista en Medicina Interna y Nutrición clínica

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